domingo, marzo 30, 2008

En una Banca con Mariel

Cuando las palabras suenan a abandonados pasajes de poesía estirada-romántica, y las hojas de un árbol acongojado caen sin parar por el viento que sin ánimos de presagiar cualquier final de historia sin fin, es ideal sentarse sobre una banca blanquecina y hablar con alguien que sabe escuchar:

- Cuéntame pues…. De cualquier cosa que hayas hecho en estos últimos días. Dijo Mariel.
- Pues nada interesante, sigo enamorado, ligeramente emocionado y con muchas ganas de llamarla. Dije.

Hay que encontrar una diferencia entre amor e ilusión. Cuando te ilusionas sueñas y vives por ti mismo involucrando a alguien más. Cuando amas, sueñas y vives por alguien más. “Así de simple… idiota” – hubiera amado recibir esta frase-

Me llama la atención la simpleza y a la vez complejidad que tienen los comentarios que uno puede dar y recibir sobre una banca, son tan geniales como escuchar a los beatles a las 2:25 am. Escribiendo sobre alguien que debe estar bebiendo en algún bar limeño, y hasta bailando ritmos que ni entiende, y quién sabe pensando en mi.

En medio de una brisa mundana con sabor a cemento y pasto saltan los motivos inesperados para compartir hasta un íntimo relato. Dándonos un tiempito lejos de casa.

Mariel me observa asombrada y hasta admirada - diría yo -, por la forma en la que cuento mis días, sonríe de vez en cuando y dice frases poéticas analizando la situación. Los muchachos siguen en la otra banca a unos metros de nosotros, ríen sinvergüenzamente a carcajadas de eso que llamamos, felizmente, “vida diaria”.

La señora chismosa de la tienda simulada ha cerrado. Y no hay dónde poder comprar otra cerveza personal para compartirla con mi pequeña compañera; sólo quedan dos cigarros y poco liquido, carencia que no debilitaba nuestra conversación tan amena y responsablemente amistosa, y también sentimental.

Hablamos durante horas sobre nuestros amores, dignos de ser leídos en cualquier libro de literatura contemporánea, de escuela insignificante, delicada y estatal.

Llego a la conclusión – solo, porque nunca se lo di a saber – de que simplemente el amor es así de perfecto, dar soluciones o manifestaciones pretenciosas tratando de llegar a una malcriada conclusión sería un pecado, sobre ese sentimiento paralelo que nos mantenía aun sentados en ese frío pedazo de piedra pulida, sucia y de mierda.

Nos hemos puesto de pie y caminamos unos metros hacia nuestros amigos, a paso suave para sentir el aire que cada vez se pone más frío. Nos acomodamos entre ellos, y todos juntos volvemos a hablar de nada.

martes, marzo 25, 2008

Verano 2008

Hay días en los cuales uno se levanta con ganas de contar su vida en pocas líneas, haciendo síntesis de una resaca habitual por la que pasamos concientemente en estos somnolientos últimos días de verano.

Siempre me gustó el inicio de la estación más calurosa del año. El comprar una ropa de baño, hacer planes de viaje e ir frecuentemente a la playa para terminar después con una severa picazón en todo el cuerpo; cosas sin importancia pero que me hacen feliz y me ponen de buen humor. Esperar encontrar una chica linda e inteligente para mantener diálogos sencillos y emocionarme más de la cuenta, inevitablemente; y digo esperar ya que mis chicas lindas de invierno nunca duran hasta verano.

Salir andando distraído por las calurosas calles de villarreal, dar vueltas al parque del mundito y luego caminar hacia el centro, ver tiendas, fumar unos cigarrillos, comprar cremoladas agrias que quitan la sed, y luego volver a casa y ver televisión con el ventilador puesto en el número dos, o leer algún libro en la cama, bajo la luz blanca de la lamparita negra. Llamar a los amigos y hablar de cosas sin sentido mientras bebemos un trago malsano, sobre los escalones blancos del pórtico de mi casa. Luego entrar pasada la media noche con una actitud que sobrepasa los limites de la sobriedad, y ponerme a escribir todo lo que se pueda, sin embargo la mayoría de esos escritos, nunca son publicados en el blog.

Viajar, es lo que trato de hacer constantemente para poder relajarme y evitar los estragos citadinos y bulliciosos que ganas por vivir en una pequeña gran ciudad que cada vez crece más y aturde más. Cualquier lugar es bueno, mientras sea tranquilo, haya naturaleza y pueda tomar fotografías a un cielo limpio y despejado, seré un tipo libre y feliz. Siempre con amigos, porque sino jamás sería tan especial.

Mi vida académica no se detiene en verano, tengo que ir a la universidad todos los días, y la mayoría de estos con pantalón, algo que me parece tan aberrante, cavernicola, represivo, estupido, y a veces hasta gracioso, pero bueno a los profesores de ese tipo también se les hace caso. Sin embargo disfruto mis tardes universitarias: aprender cosas nuevas, reírme de los pedagogos siempre redundantes, aburrirme en clase y pensar en nada, escribir un nombre ocho veces sobre mi block, luego ir a casa y chatear con Antonniete, siempre riéndonos de Sandra una chica a quien quiero mucho, me hacen reír y puedo dormir en paz.

Las emociones que embargan mi vida: durante horas de lectura o de música, aquellos colores expuestos por los conciertos pequeños de la vieja trova, el romance incógnito del vino adormecedor y sensual, la dulzura tímida e inexacta de un beso en la mejilla, la calidez de una sonrisa sin miedos, la humildad de un vaso con agua en alguna mañana de calor, la sabiduría de un niño hablando de cómo pescar, el frió y la brisa de un mar madrugador, una mujer que recién despierta hablándome de amor y ficción, la herencia de un padre equivocado, una madre hablando de gitanos y sobreprotección, una hermana simple y vanagloriada, marijuana y sus ataques de histeria, las pastillas tranquilizantes que quitan la migraña, el dejar de comer para estar mejor, las asfixiantes y obligatorias reuniones familiares, los besos sin color, los amigos que ya no veo, y aquellos con los que aún me río, las películas cómicas y románticas para mujeres pequeñas, la frialdad de una película francesa, las series sobre animales, los parques, y aquellas noches tristes donde sólo se te extraña.

Y extrañar a IvI es algo que sucede a diario sin pensarlo. Pues ella decoró esta calurosa estación con detalles inverosímiles: usó sonrisas que nunca pensé vendrían, esa partida cortante sin despedida, con helados de noche, largos paseos por parques que nunca fueron parques, ese momento en el pedacito del cielo, esas latas de cerveza, el humo, los taxis, los pequeños paseos turísticos por el parque principal, la banca de las musas, sus manos y demás. No sé qué puede ser, no sé si tiene color o nombre, es una emoción, un sentimiento, algo tan preciso que me cuesta describir. Me acostumbré a ella y poder hablar de cualquier cosa y siempre reír.

Como quien lee un cuento maravilloso de pocas páginas, y cuando lo acaba, extrañándolo siempre quiere volver a leerlo.

Experimental Experience

Si nacimos todos con un destino como lo dicen muchos de esos autores de libros sobre autoayuda y superación, pues conmigo creo se equivocaron, han pasado 23 años y un poco más y aún sigo pensando en cual será el paradero de mi cuerpo el día de mañana.

Generalmente no pienso en hacer cosas que satisfagan mi deseo de felicidad, siempre busco lo ordinario y enfermante de la vida. No encuentro razones dentro de una situación razonable, suelo equivocarme al caminar y dando vueltas llegó a sentir que pierdo tiempo siguiendo tus pasos.

Las cuerdas de una guitarra llenan un vació que escondo cada vez que dicen mi nombre, la letra de una canción o de algún escrito sobre un pasaje de mi vida o que invento tratando de disfrazar algo real, son rituales que repito siempre al borde de un abismo lleno de imágenes coloridas, sabrosas e inodoras.

Fríos días de semana pasan entre las calles con vientos que llevan y traen somnolientos latidos de un corazón roto. Al ras de la vida recuerdo haberte visto caminando a mi lado, sonriendo y saboreando un caramelo de fresa, y con sabor dulce de cualquier estación te despedías como siempre frente al mismo portal.

El viejo barrio donde crecimos se ve ahora vacío y callado, la gente con la que corríamos siguiendo una pelota o tratábamos de encontrar en juegos de niños se fueron para no volver, han volado tan lejos que pueden ser olvidados; también hay quien nos han olvidado por convicción, pero estamos los que sin darle premio a lo añorante y melancólico, conservamos la esencia de aquella vida que nos hizo felices.

(Texto elaborado hace un año y medio, sin haber sido publicado por parecer tonto. Ahora soy más valiente).