martes, abril 08, 2008

Mis amigos, y Nuestros Temas y Putas de Siempre

Hans preocupado toda la vida, siempre por el mismo tema: “el sexo”. Esta vez supongo era algo serio. En el parque de la virgencita (porque hay una estatua de la virgen), nos cuenta alarmadamente que de niño no le hicieron la circuncisión, y creo, por la cara de todos, que a ninguno de nosotros nos la han hecho. Bueno, sufría porque tiene un frenillo peneal. Carnosidad insignificante pero dolorosa, que cuando se masturba (aún a los 25), o cualquier chica salvaje agita su pene fuertemente, es algo insoportable, hasta para el más cruel de los machos. Carajo dije dentro de mí, tan sólo de imaginar lo que sentía, o cómo se veía.

“hace años me salió un pequeño grano más abajo del glande, fui donde mi primo médico, y me mando a hacerme análisis. ¡Puta madre!, me lo estaba raspando una enfermera que estaba más buena, y se me paró; ella me miró como diciendo que imbecil eres chibolo, y siguió raspando mi pene, yo cerraba los ojos y tenia esa sensación rara entre placer y dolor, como los gatos. Si como los gatos” (hans).

Una mañana de hace años, de épocas escolares cuando la mamá de Hans llegó de Miami, antes de pedir los regalos o saludarla le dijo al oído: “mamá me pica mucho el pene”… ella le respondió: “pues ráscatelo, y si te lo has rascado antes y no pasa, ve a visitar a tu primo médico”. Fue otro caso de chancro blando. Hans llega por la tarde con su primo el médico, en su casa estaba su mamá y toda una recepción de tías chismosas, también la mamá del primo médico. La mamá de Hans le pregunta al primo médico: “eh… hijo…. ¿Cómo está tu primo?”. En ese momento la cara de Hans empezó a tomar formas y colores extraños, y sintió la mirada de todas aquellas viejas que parecían alacranes ante una lagartijilla. Hans miró inmediatamente al primo médico, con cara de horror y súplica, y este respondió con una sonrisa angelical y bondadosa, y en voz alta: “ah tía, Hans tiene chancro blando, pero ya sabe que hacer, no Hans?.

Recuerdo que hace unos ocho años, cuando solía acompañar a mis amigos del barrio al burdel, siempre encontrábamos a Hans saliendo, o entrando, o esperando alguna de sus ya “amigas” frente a su puerta fumando un cigarrillo. Nosotros reíamos y conversábamos, mientras uno por uno iba entrando a saciar sus carnales deseos de adolescente pajero. Las mujeres, cual galería de ropa (para mi), se veían todas colgadas y exhibiendo hasta su mas íntimo pudor. Desde jovencitas hasta viejas sin dientes, homosexuales, también guapas, altas, gordas, bajas o flacas. Tenías mucho de donde escoger. Te tocaban si te acerbas a pedir el precio, si, como comprando un caramelo de limón (Willy disfrutaba que lo tocasen sin pagar).

Willy y Flavio que eran, aparte de Hans, los más asiduos parroquianos de ese oloroso, oscuro y rojizo lugar. Siempre la hacían de guías, porque los demás íbamos dejando mucho tiempo, y ellos conocían qué chicas habían llegado últimamente. “Las ecuatorianas están buenazas, pero hay una colombiana que ufff, y la rubia te hace unas poses increíbles, nooo la negra está mejor, aunque le falta un diente” y cosas como esas escuchamos toda la noche. De regreso, todos con un cigarro en la mano, nadie hablaba, los rostros decían todo. ¡Que rico carajo!, ja. Y satisfechos, como niños con juguete nuevo en navidad, corríamos a nuestras casas a lavarnos bien la pichula.

sábado, abril 05, 2008

Mis Amigas, Encantadoras

Lo usual en mis vacaciones es leer y escribir todo el día mientras se pueda, luego en la noche salgo a caminar, y como quien dice: “a ver qué pasa”. Para no perder la costumbre vacacional que consiste en hacer de estos días de ocio, los más bohemios del año.

Busco amigos de antaño con los cuales por el simple hecho de conocernos muy bien, podemos hablar de cualquier cosa y hacer que parezca interesante. Pero, nada iguala los ratos que paso con Camila y Daftne. Decir genial sería poca cosa, la diversión que conseguimos en unas cuantas horas es incomparable.

Camila tiene 21, trabaja en un colegio pequeño y es odiada por las auxiliares, a quienes acusa por no limpiar los baños o dejar que los niños peleen. Ha dejado la universidad y está juntando dinero para volver, y reanudar sus estudios de psicología. Es entretenida y le gusta beber tanto como a mí, tanto como a Daftne, quien se rehúsa a creer en el amor y entregarse de manera íntegra a alguien como lo hizo una vez. También estudiante desertada de psicología, trabaja los fines de semana en un supermercado impulsando productos femeninos.

Son pocas las veces que nos hemos juntado a charlar y beber como locos, porque en realidad lo hacemos como unos locos, sin sentido del lugar y menos del tiempo. Expresamos nuestras más íntimas inquietudes soltando risas escandalosas y nunca nos ponemos nerviosos por lo que pueda suceder.

Sus conmocionados bailes siempre me dejan atónito, boquiabierto y satisfecho. He intentado bailar con ellas, y no pude seguirles el ritmo, quizás se deba a la poca práctica que tengo como bailarín, en fin.

Yo diciéndole a Daftne: “Besas riquísimo”… Daftne sonríe y sigue besándome.

Debo admitir que Daftne besa muy bien, aunque es más recatada al momento cuando quiero acariciarla, acariciar parte de su cuerpo que normalmente es prohibido, y si, en ella es prohibido. Es dulce y me gusta como pasea su mano suavemente por mi rostro cuando la beso. Se podría decir que es un “contraste” con Camila, que es más intensa, más radical. Vive de otra manera la pasión que siempre ronda por ahí, dentro de sus pequeños ojos cubiertos por un par de cristales. Ambas encantadoras y convencionalmente ricas.

Me considero un admirador de su gran actitud desenfadada, siempre queriendo sobrepasar los límites y parámetros que tiene una estupida y maliciosa sociedad como la nuestra. Y no quiero dejar de lado a la capacidad casi escondida que poseen para dar un consejo sobre cualquier tema relacionado al amor, a base de su experiencia, sea esta larga o corta. Igual, eso no importa.

Y Camila diciéndome: “la estamos cagando”, y yo: “¿otra vez?”.

En el taxi de vuelta a casa (solo), después de haber bebido, reído y supongo que haberla “cagado” también; espero en otro día volver a encontrarlas. Lindas como siempre, como ellas mismas.