jueves, septiembre 25, 2008

Un Paseo con la Ex

Salir con una ex para mí es una tortura, es que debido al cariño basado en pocos meses de relación y años de conocernos, cada paso que damos me provoca abrazarla o besarla sin pensar en que ella no quiera hacerlo.

*Sólo pasa esto con las ex’s a quienes guardo aprecio, y de quienes siempre llevo en mi el profundo placer que algún día me hicieron sentir. Y no son muchas.

El primer día que la vi estaba sentado al fondo del salón, era la segunda semana de clases y había sólo una carpeta disponible en la primera fila, ella se sentó y lo que más recuerdo es como sobresalía su excelente trasero de la carpeta, y dije: “wow, lo mejor que tiene esta universidad son estas carpetas tan pequeñas”. Pasaron meses de gilear pues la chica es difícil, la que me ha costado más trabajo hasta hoy, en fin.

Ella es mi ex de universidad, tuvimos durante dos meses una relación accidentada – como todas mis relaciones -, pero con cosas bonitas: cómo olvidar las salidas al cine en parejas, luego nos sentábamos en un parque asfixiados de tanto abrazo sin decir nada y nos reíamos al mirarnos sin saber qué hacíamos ahí, las fiestas de la U donde ella apagaba mis cigarros como quinceañera, las olimpiadas donde me escogieron como lanzador de bala y ella fue al estadio y se insoló durante horas para que al final eliminaran mi categoría por falta de participantes, cuando fuimos a tomar helados y yo sólo tenía 15 soles y ella muy audaz pidió una copa de 13, en ese momento perdí el apetito voraz que tenía. La vez que fuimos a misa, y para impresionarla me confesé y comulgué pero me puse nervioso en la cola porque la señora a quien no le di el diezmo me miraba raro, y al regresar me perdí, ella reía desde la otra puerta. Las noches en mi cuarto donde no decíamos mucho y hacíamos demasiado.

Hace unos días fuimos a dar vueltas y a comprar una correa para mi reloj. Ella no ha cambiado sigue siendo exactamente la misma, yo estoy igual también, con el mismo sentido de libertad de siempre. Después de pasear volvimos a mi casa, tomamos vino, fumamos un poco y vimos su novela de las 9. La abracé un poquito, es tan buena onda conmigo que no intenté besarla.

Y ahora que volví a salir con ella sólo esa tarde y recordar todo lo vivido, me doy cuenta que me estoy haciendo viejo y tengo los mismos recuerdos siempre de alguna relación, y nunca un presente romántico me ha durado mucho. Genial.

miércoles, septiembre 24, 2008

Pasamos a Otra Estación

Amanece aún nublado y con pequeñas lloviznas que cubren las calles ansiosas por tener nuestros pasos dándole ritmo a la mañana, que recién empieza.

Con el cabello húmedo y despeinado salgo casi corriendo de la casa, no sin antes persignarme en la puerta y desearme un buen día. Estornudando - pues siempre amanezco resfriado -, llamo un taxi para que me lleve al trabajo, y en el trayecto veo a la gente en pijama, comprando pan en las bodegas o panaderías, debo decir que nunca en mi vida he salido a comprar pan una mañana, espero hacerlo cuando viva solo, quizás sea emocionante. Ya en la oficina prendo el aire acondicionado porque soy el primero en llegar, me siento y abro el msn mientras escucho las noticias y leo los periódicos llenos de portadas horribles con muertos. Luego llega Diana – asistente de comunicaciones como yo -, se sienta y saca dos panes de su bolso que dependiendo de mi suerte están rellenos de jamón, me invita uno pues no quiere engordar y yo tampoco, pero la falta de desayuno ocasionada por mi impuntualidad crónica al levantarme hace que ese pan se termine en segundos que maravillosamente disfruto, comemos antes que lleguen los jefes y seguimos leyendo. Lo bonito de que las oficinas queden dentro de un hotel es que muchas chicas lindas vienen de otros lados, y al hospedarse bajan a la piscina. Espero el verano con ganas.

Terminé la universidad hace menos de un mes, no pude creer durante una semana que esa etapa larga y bonita de mi existencia haya terminado. Aún no me acostumbro a tener las tardes libres y pensar que a fin de mes no volveré a matricularme y ver a aquellos profesores que tan bien me caen, es usual en mí acostumbrarme a las cosas y luego me cuesta tener que dejarlas ir. No me importa la carrera y lo que aprendí en estos años, me importa lo que disfruté: los chicos, las chicas, los cafés y manzanillas, los exámenes, exposiciones, conferencias, viajes, reportajes, crónicas, videos, cortos, y un sin fin de cosas que hacían de mis pasos pos las aulas, momentos inolvidables. Espero nunca ejercer como periodista, no me gusta. De aquello, sólo disfruto escribir.

Antes de terminar el invierno grabé un disco con temas de Sinatra, pues su música me transporta a una época que no viví, pero según lo leído y visto en tele debió ser mejor que esta. Un miércoles cualquiera de invierno conocí a Maripili, hubo química en la conversación y le dije que me visitara el jueves para escuchar música y que conozca el cuarto donde componemos y pinto, encantada su respuesta fue afirmativa. *Jueves 7:30 pm. Ambos estábamos sentados sobre un colchón dentro del cuarto, ella me hablaba de cosas que no me acuerdo, pues nunca presto atención si no me importa lo que se dice, luego nos besamos, nos quitamos la ropa, y lo más genial fue cuando estábamos en ese momento donde sólo ves el cielo Sinatra empezó a cantar come fly with me, y no miento que las caderas de Maripili se empezaron a mover como bailarina cincuentera y como yo no se bailar, pues seguí en lo mio, pero todo fue mucho más divertido aquella noche. Gracias Frank.

Mi mamá pintó el cuarto de un verde medio extraño porque dice que tengo 24 años y no soy un adolescente. Ya no puedo pintar en las paredes, ahora pinto sobre lienzos gigantes para colgarlos, y tapar esa desnudez frívola a la que el cuartucho no estaba acostumbrado.

No iré a Calamaro y eso me pone triste, tengo dos libros por leer, tengo mucho en la cabeza por escribir, canciones por grabar, y bueno… esperar el verano.